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REFLEXIONES SOBRE EL TRABAJO, SU VIRUS, SU VACUNA, LA INDUSTRIA ARMAMENTISTA, LA EXTERMINACIÓN DEL HOMBRE, ETC.
LO INVITAMOS AL DEBATE.
Las opiniones que aquí se reflejan de la persona que lo firma.
La protohistoria del trabajo se remonta a los orígenes y evolución del ser humano, desde el punto de vista antropológico, a tal extremo que el trabajo terminó por crear al hombre (luego de millones de años de evolución) hasta encontrarnos con el ser humano, tal como consta en la historia no escrita y escrita de la humanidad, donde aparece debidamente estructurado como vio-psico-social, con las implicaciones derivadas de la complejidad contextual del momento que le tocó vivir.
El trabajo, creador y sustentador, es portador del virus de la contradicción entre los intereses de quienes lo realizan y el de quienes mandan a efectuarlo. En la medida en que adquiriendo complejidad fue en la medida en que las contradicciones se agudizaron cada vez más.
Como la sociedad ha transitado por diversos regímenes socio-económicos, los hombres no se expresaron igualmente en el trabajo, debido a que el derecho natural -que hace iguales a los hombres desde su nacimiento- se vio frenado por instituciones jurídicas que ampararon los régimen esclavistas, feudales, capitalistas y socialistas, haciendo a los hombres esclavos, siervos y serviles; mientras otros, enteramente libres, gozaban a plenitud de sus derechos civiles y políticos -debidamente garantizados- (me refiere a los amos, dueños, patronos, etc.).
Pero el trabajo realizado por el hombre (racional, sujeto de derecho natural, poseedor del libre albedrío y de la capacidad de discernir) comenzó a mostrar los virus que se oponían a todo aquello que mermaba el límite de su libertad, en ese ámbito, traducido en salario, jornada laboral, condiciones de trabajo, protección de higiene del trabajo, normas y normativas del trabajo, seguridad social, asistencia social, maternidad de la mujer trabajadora, vacaciones, et.
Estos virus, conjuntamente con los glóbulos blancos laborales, se desencadenaron y trajeron por consecuencia la lucha por la supervivencia en el ámbito laboral y el trabajador comenzó a guerrear por el reconocimiento de sus derechos, ya que sus deberes debían cumplirlos, a toda costa. En este tránsitos surgieron líderes que organizaron al movimiento obrero en gremios, hermandades y finalmente el poder del sindicato. Esto duró años y sangre, pero la pujanza del respeto hacia la libertad sindical, mermada por la explotación, hizo que en el de cursar de los años, poco a poco la clase obrera lograra reivindicaciones y sus contradicciones internas se conciliaran, aparentemente, con los patronos; en ningún momento esa reconciliación va a ser al ciento por ciento, debido al antagonismo que en sí encierra el trabajador con la persona, entidad, empleador, patrono; en fin, para quien realiza su labor, donde está implícito el desgaste físico requerido para su desempeño. El trabajo es más que eso, ha llegado a un límite tal que es objeto y sujeto de derecho, tanto en el ámbito internacional como en el nacional, a tal extremo que el hecho de que una nación no sea signataria de un convenio internacional, no la exime de ser criticada si viola preceptos que protegen al trabajador, para lo cual debe tenerse en cuenta el contexto actual, debido a que el derecho laboral es por su carácter de derecho positivo, eminentemente dialéctico, se encuentra en constante movimiento, porque los cambios estructurales en la sociedad, lo mismo político que social, se reflejan -de alguna forma- en él, y ni que decir de los económicos. Nos acostamos con una regulación y podemos levantarnos con otra, de ahí la complejidad de esta importante rama del derecho. Cuando los partidos políticos le den al trabajador y a los sindicatos el valor real que los mismos poseen (y cuando los trabajadores y los sindicatos se den cuenta de que los partidos políticos los manipulan de acuerdo a sus intereses particulares y programas de trabajo) será la muerte, por inanición, de dichos partidos políticos. Tan es así que llegará el momento en que los sindicatos serán los que apoyen a tal o cual candidato, sin convertirse en Partido Político. ¿Es que acaso quienes botan, mayoritariamente no son los trabajadores? Tiempo al tiempo. Cuando Galileo dijo "se Mueve", la Santísima Inquisición se encargo de que se retractara, e inteligentemente Bruno le hizo el juego al Santo Oficio, pero barítico barítico (dicen, a mí no me lo crean) dijo: "pero sin embargo se mueve". Lo cierto es que pasaron centurias para que pudiera decirse que nuestro globo terráqueo es un simple granito de arena, casi invisible, en el universo y que se mueve alrededor del sol, este con la galaxia; en fin todo es movimiento. Cuando Julio Vernes transitó por la profética imaginación que lo alumbraba, nadie podía imaginar que su fantasía fuera realidad en la actualidad. Por ello: ¿Quién duda de que los partidos políticos tengan que sentarse a dialogar con los sindicatos para postular a sus candidatos? No puede decirse ni que sí que no, por qué mientras el trabajo lleva implícito el germen de la contradicción, del desarrollo, los partidos políticos tienen contradicciones externas que se hacen internas por las relaciones entre los hombres, un partido político, como tal, nunca dirigirá una empresa ni ofertará un producto terminado que sirva al hombre, de alguna manera. El Movimiento de los Trabajadores tiene que ver con los cambios que se operan en la actual sociedad, también apreciado en sus dimensiones de radicalidad, globalidad y rapidez, dado por ser el trabajo un derecho dinámico, inquieto y preocupante, porque el patrón podrá sabe como él piensa, como piensa un trabajador, pero no como lo hace un colectivo debidamente organizado y estructurado. Teniendo en cuenta el análisis de la CLAT para su XII Congreso, finalizado el pasado mes de noviembre, es esencial la formación de los trabajadores, para lo cual debe tenerse en cuenta:
El trabajo está más globalizado de lo que realmente los grandes especialistas piensan y sus dimensiones aún son calculadas en forma conservadora, no más allá de los intereses que pudieran mellar a alguien en particular (persona jurídica o natural). Ejemplo de ello es la industria armamentista, encargada de la destrucción del hombre, la capa de ozono, los cambios climáticos, el fenómeno del efecto invernadero, los grandes huracanes y más actual las dimensiones de los tsunamis. Aquí cerramos los ojos, no vemos lo que no queremos ver, y cabe el refrán que dice: "ojo que no ve corazón que no siente". En la industria armamentista existe una clase obrera tan digna como la de cualquier otro sector económico, pero esa clase obrera, aun cuando esté consciente de que puede construir una bomba de neutrones que va a matar a millones de hombres, no va a dejar su trabajo porque entre en juego su vio-psico-social: ¿De qué vive? ¿Cómo alimenta a su familia? ¿Dónde trabaja? Necesariamente el mundo trabajador debe encaminar sus esfuerzos, más que a divagaciones en formas, hacerlo en lo concreto: ¿Qué se va a hacer con esos hombres, mujeres y familiares, para la desaparición de la industria armamentista? Esa labor es parte de la globalización del trabajo, las organizaciones internacionales y de las grandes confederaciones sindicales. Antes de pensar en destruir la industria armamentista (que escuchamos como slogan: "la industria armamentista esto, la industria armamentista lo otro, etc, etc. etc.") hay que pensar en qué se va a hacer con la clase obrera de esa industria, la cual hay que tener en cuenta y cuya conciencia fructificará en la medida en que le digamos: "para ud. tenemos este trabajo", "para su familia tenemos este sustento". Hay algo a favor y es que la industria armamentista es global en la misma medida en que no lo es, debido a que el hombre, antropológicamente hablando, está ubicado en un contexto, no es una idea ni una investigación, pero es aquí donde el germen de la clase obrera, el virus que la lleva hacia el desarrollo, recibe la vacuna: ¿Si no trabajas aquí dónde lo haces? El obrero tiene que trabajar allí, no tiene otra opción porque no hemos legislado hacia ello, no se la damos. Los pactos internacionales sobre el armamentismo se cumplen y no se cumplen. Es como la violación de los derechos humanos, que se sancionan de papel. Sancionemos de papel a un ladrón o a un delincuente y el resultado será que volverá a robar y volverá a delinquir, porque es la naturaleza del ser humano. Aquí cabe el refrán del alacrán que fue trasladó, por el agua, por cierto animalito que confió en que ante el favor el alacrán no se lo comería haría, pues sí, el alacrán se lo comió y al preguntarle por qué, se limitó a contestar que "era su naturaleza". Otro aspecto en que se debe pensar es en que el nivel de tecnificación también lleva implícito el virus de la destrucción del trabajo por la mano de los hombres, al ser sustituida ésta, en gran escala, por las máquinas. No se trata de la revolución industrial inglesa, cuyas proporciones no se igualan. En el futuro, según los adelantos y los chips llegará el momento en que el hombre tendrá que vivir de la seguridad social y de la asistencia social. Pensemos en esto, de lo contrario ¿De qué viviría una familia sin trabajo? Esto está lejano aún. El tema se abre a debate, Puede opinar a través de nuestra página Web. Dra., Maybell Padilla Pérez
¡POR LA UNIDAD, EL DERECHO, LA LIBERTAD Y EL BIENESTAR DE LOS TRABAJADORES!
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Consejo Unitario de
Trabajadores Cubanos
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