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La Habana, 18 de junio de 2003 Como ejemplo citaré solamente 4 entidades entre las más numerosas que por su calidad en funciones se ganaron el prestigio del pueblo. Los empleados de las compañías de Ómnibus Aliados y Autobuses Modernos S.A. máximas responsables del transporte urbano e interprovincial la primera y del urbano solamente la segunda fueron despojadas del pago de 8 horas por 6 realmente trabajadas, además del pago por el día de descanso semanal el cual si se laboraba se cobraba doble, también. En todos los paraderos existían condiciones ambientales favorables a la psicología del obrero, en las cuales estaban implícitas una atención médica especializada, recreación y un servicio gastronómico que satisfacía las más exigentes demandas del arte culinario a partir del simple refrigerio. Unido a lo anterior, estaba la entrega sistemática de ropa, y calzado y dando continuidad a los servicios médicos de base, existía una clínica financiada por la compañía para dar todo tipo de atención que se requiriera. El carné que acreditaba la condición de obrero de esas entidades permitía la transportación gratuita de ese en todo el territorio nacional, lo mismo en ómnibus que en ferrocarril. Los trabajadores de la Compañía Cubana, perdieron el derecho al pago del 50 por ciento del consumo en sus hogares y la compra de ropa, calzado y víveres de la cooperativa ACTIE; la atención médica se les brindaba en la Clínica capitalina "CRUZ AZUL" ubicada en el Vedado.. Los obreros de la Cuban Telephone Company, perdieron el derecho al pago del 50 por ciento de rebaja de la tarifa residencial y la tenencia de servicio particular. Los obreros del ferrocarril, por un gesto de reciprocidad de las entidades Ómnibus Aliados y Autobuses Modernos S.A. podían trasladarse en esos medios totalmente gratis. Igualmente periodistas y demás trabajadores de los medios masivos de información, bancarios, portuarios, gastronómicos, así como demás sectores de producción y servicios, incluyendo trabajadores agrícolas y trabajadores por cuenta propia, perdieron beneficios sociales y económicos que redundaban a favor y respeto para aquellos a quienes estaba dirigido su quehacer diario.¿Qué se hizo del respeto recíproco existente entonces entre el maestro y el alumno, el médico y el paciente, el comerciante y el comprador, el barredor de calles y el transeúnte?... como parte de los más exigentes valores que deben existir en una sociedad culta y democrática, al desaparecer esa, pues se perdieron. Pero, ¿por qué reinaba ese clima entre trabajadores de altas y bajas esferas y el resto de la población?... Solamente por la existencia educadora de los sindicatos en los centros laborales, estos gremios formaban a sus afiliados -sin distinción de ideologías- bajo la concepción filosófica de que, para exigir derechos es preciso cumplir deberes; pero esta conducta le era aplicada también por el sindicato a las patronales como parte indisoluble de sus funciones como contrapartida justa e imparcial ante los diferendos administración-obrero. Era tan profiláctica y creadora de valores la labor sindical dentro de obreros y dirigentes y había tanto arraigo en ella, que las tipicidades delictivas como son malversación, desvío de recursos materiales con ánimo de lucro, enriquecimiento ilícito y otras que hoy son juzgadas diariamente no aparecían reflejadas en la llamada crónica roja de los diarios nacionales, es más, no se escuchaban en la calle los comentarios, como habitualmente se hace hoy, de que ..."tronaron a Fulano por llevarse cemento de la obra que está dirigiendo; o, a Zutano lo plancharon por estar haciendo chivos -trabajaos no ordenados por la administración- en la carpintería con materiales del estado y que en ambos casos le reportaban ganancias libres de gastos". Es innegable que la pérdida de derechos conquistados por los trabajadores a base de sangre, sudor y llanto antes de 1959 les ha valido a las administraciones y sindicatos para sumir a los obreros en un mar de incertidumbres acerca de tener siempre una pregunta en su mente. ¿Hasta cuando estaré aquí? Todas las garantías sindico-laborales han desaparecido, ningún obrero es dueño de su profesión u oficio, éstas pueden cambiar cuando al estado le venga en ganas, sólo con cerrar un centro dedicado a la carpintería y pasar a sus obreros para una fábrica de cartón, devengando el salario de la nueva plaza aunque sea inferior, ya este obrero perdió su calificación; pero lo peor, si no acepta ser cartonero tiene que ir para su casa sin garantías saláriales hasta que aparezca una plaza de carpintero, y lo más importante, si reúne los requisitos de idoneidad la ocupa, pero no la idoneidad en conocimiento del oficio, tiene que ser la idoneidad política la cual tiene que ser avalada por el sindicato tras oír el parecer del resto de las organizaciones políticas y administrativas del centro al cual ha sido asignado el obrero. La trayectoria laboral de ese hombre durante años, su moralidad, ejemplaridad, su alta capacidad para el desarrollo de su trabajo, su experiencia inmaculada no le son válidos para entrar en el nuevo centro. Y vale preguntarse ...¿Son ésos los derechos fundamentales que poseen los ciudadanos, y que aparecen reflejados en la Constitución de la República de Cuba, según esa Carta Magna en que todos tienen iguales derechos con independencia de creencias o filiación política, raza o sexo para el desempeño del trabajo? ¿Al hombre le van a pagar por hacer política o por fabricar cajas de muerto, muebles para el hogar u otros enseres de madera? Es esta la realidad del obrero de hoy y no está dada más que por la conducta carente de conciencia obrera de quienes dirigen los sindicatos y que no son más que los mismos que dirigen al estado. Los obreros han perdido sus conquistas, pero no
la ilusión de volver a obtenerlas, por ello luchan y están seguros de su
victoria. Agencia de Prensa Sindical Independiente |
Consejo Unitario de
Trabajadores Cubanos
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