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Después de la resaca.

Por Aimée Cabrera.

A pocos días del paso del huracán Ike, antecedido en solo ocho días por el Gustav, los residentes de la capital se ven preocupados y ansiosos dado el desabastecimiento existente.

De nuevo se observan las largas colas en las tiendas, y los clientes tienen que esperar una o dos horas, para comprar un poco de detergente, o un paquete de salchichas, con la incertidumbre de si podrán o no adquirirlos.

Desde hacía meses era ya visible el reducido surtido de los artículos de primera necesidad, y de otros tantos , por lo que nadie se acostumbraba a ir a varias tiendas, en ocasiones muy alejadas unas de otras, para conseguir una determinada mercancía, o llegar a casa sin ella.

Ahora esta situación ha empeorado en todos los sentidos`, sin haber sido la capital, de las regiones más afectadas por ambos meteoros, motivo por el cual, muchos esperan una crisis peor que la sufrida en la década del 90 del pasado siglo, cuando el Período Especial, la cual pudiera desencadenar además un éxodo sin precedentes.

Los agro mercados ofertan viandas, frutas y vegetales mustios, y el rejuego del pesaje, nunca agasaja al cliente que tiene que comprar lo necesario aunque sepa que lo están estafando o quedarse sin los mismos. El plátano de variados tipos y precios fue arrasado por los fuertes vientos, y está a punto de desaparecer del mercado.

“ … Dentro de nueve meses, con una buena atención a los cultivos, volveremos a tener las plantaciones “- dijo a un periodista de la prensa oficialista, un dirigente del Ministerio de la Agricultura, MINAGRI; y otro tanto sucederá con la guayaba, la naranja , el aguacate, y otros cultivos de esta época del año.

Artículos como el cemento, las pinturas impermeabilizantes, el papel de techo, y otros, muy caros en la moneda convertible, pero de gran demanda para quienes tienen que remozar sus viviendas han desaparecido de los almacenes y solamente pueden ser comprados en el mercado negro cuyos precios son superiores a los de hace unos meses .

La alta humedad aumenta los dolores óseos, muy frecuentes en la población de todas las edades, así como los procesos alérgicos, mientras que los medicamentos que alivian estos malestares escasean en las farmacias. Teresa padece de artrosis generalizada y exclama angustiada que “no hay nada, ni siquiera duralgina o aspirina “. La única manera de conseguirlos es a través de los revendedores.

El otro desastre habanero es el desplome de los inmuebles. Se cae uno y los circundantes están en igual peligro. Otros lucen más fuertes pero muestran áreas muy deterioradas. Poco se ha dicho de este azote, pero el comentario a sotto voce habla de varios heridos y fallecidos.

Los municipios más afectados han sido los de Centro Habana y Habana vieja, donde casi todas sus edificaciones datan de la primera mitad del

Siglo XX y han sido maltratadas con arreglos sin supervisión especializada, además de que jamás han sido reparadas por brigadas del gobierno de la ciudad.

Las pocas veces que a las mismas se les ha asignado el remozamiento de edificios ya sean habitacionales, escuelas o instituciones, la labor no ha quedado más que en un “remiendo “porque parte de los materiales son revendidos, y un poco de pintura en las fachadas no puede con las fuertes inclemencias del tiempo.

Las cifras de derrumbes en la Ciudad de la Habana son considerables, en estos días que comienza a salir el sol fuerte, éstos irán en aumento. No se han dado datos estadísticos pero el panorama de desastre es visible y palpable por doquier.

No se puede olvidar la terrible situación que viven cientos de familias que han emigrado de otras provincias y han creado en la periferia, barrios de “llega y pon”, los cuales están llenos de casuchas inventadas con cuanto material aparece. Estos ciudadanos forman el eterno ejército de evacuados y damnificados, junto a los que cada día, van perdiendo sus hogares.

A partir de la triste experiencia del azote de vientos superiores a los 200 y 300 Km.,. /h en poblados pertenecientes a la Isla de la Juventud y a la provincia de Pinar del Río, los que aún conservan sus viviendas se sienten inseguros pues pudiera volverse a repetir esta situación en cualquier otro punto del archipiélago.

Las frases optimistas están de moda en la prensa en general, y ya muchos entrevistados las repiten para quedar bien, el entusiasmo del pueblo es una máscara por el miedo a una posible represalia, la realidad, es bien diferente.

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